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foto kiki la aprendiz de bruja
"Cada uno tenemos que encontrar nuestra propia inspiración... y a veces no es nada fácil." - Kiki, la aprendiza de bruja (1989)
Rebeca Laureano Palma (Beka)
Todos los derechos reservados.
Cuernavaca, Morelos, México. 2024.

Harry Potter y la piedra filosofal

Es la puerta de entrada a un universo fantástico cuidadosamente construido
Publicado:
2/23/26

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Harry Potter y la piedra filosofal es, para mí, la puerta de entrada a un universo fantástico cuidadosamente construido. Se trata de un libro dirigido a lectores infantiles y juveniles, y en consecuencia su arquitectura narrativa responde a esa lógica: acompaña el tránsito de Harry del mundo muggle al ámbito mágico, sin adelantar información de más, de modo que el lector descubre la magia al mismo ritmo que el protagonista. Este carácter progresivo convierte a la novela en una obra introductoria y, al mismo tiempo, deslumbrante para los ojos de niñas, niños y adultos.

El inicio

Harry Potter nunca ha oído hablar de Hogwarts cuando en el número 4 de Privet Drive empieza a caer una lluvia de sobres de pergamino amarillento, con la dirección escrita con tinta verde y un sello de lacre púrpura. Y aunque los tios de Harry se apresuran a confiscar las cartas, el día que Harry cumple once años un hombre gigantesco llamado Rubeus Hagrid, cuyos ojos brillan como escarabajos negros, irrumpe con una noticia extraordinaria: Harry Potter es un mago, y le han concedido una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. ¡Una aventura increíble está a punto de comenzar!  

Un cuento de hadas convertido en novela

La obra puede leerse como un cuento de hadas expandido a la forma de novela, en el que un niño bondadoso y de corazón noble no se rebela ni se queja: simplemente encarna el amor, la resiliencia, aunque Rowling si le da personalidad férrea. Remite inevitablemente a Cenicienta: una figura maltratada y menospreciada que, sin embargo, conserva una actitud optimista frente al mundo. Así arranca la historia de Harry, un niño huérfano sometido por sus tutores, los Dursley; su vida carece de brillo, aunque el texto sugiere desde el principio que él porta una luz propia que aún desconoce. Rowling va desplegando poco a poco el universo mágico a la par que Harry lo descubre, respetando la estructura del cuento de hadas.

Estructura de cuento de hadas

Introducción

Presentación del protagonista (héroe o heroína). Aquí podemos ubicar también la escena en la que los magos (Dumbuldore,Hagrid y McGonagall) dejan a Harry en el umbral de la casa de los Dursley, con la convicción de que ese es el único lugar donde estará a salvo.

Una segunda presentación del personaje se produce cuando lo vemos realizando las tareas domésticas que le imponen los Dursley: cocinar, limpiar, servir. Desde esas primeras imágenes sabemos que estamos ante un niño huérfano y maltratado, aunque todavía se nos ocultan las causas profundas de esa situación.

Descripción del mundo o entorno del protagonista: observamos el modo en que vive, su soledad y su sensación de extrañamiento en un mundo que parece no tener sentido para él; al mismo tiempo, percibimos indicios de una magia latente que ni el personaje ni el lector terminan aún de comprender.

Establecimiento de la situación inicial: a través de la visita al zoológico advertimos que Harry es distinto; cuando se enoja, ocurren sucesos que desbordan lo que la gente “normal” considera posible, y ese desajuste anuncia el ingreso a lo maravilloso.

Incidente desencadenante

El incidente desencadenante es el acontecimiento que altera la vida del protagonista y modifica para siempre su horizonte de expectativas. En este caso, la llegada insistente de las cartas de Hogwarts constituye ese punto de quiebre, tanto más significativo ya que Harry nunca había recibido una sola carta en su vida; la escena ha sido tan icónica que la adaptación cinematográfica la convierte en un momento memorable.

La motivación del héroe se acentúa cuando los Dursley le impiden leer las cartas y lo arrastran a un lugar remoto para evitar que sea encontrado; entonces irrumpe Hagrid como figura mentora, abre simbólicamente la puerta al mundo mágico y Harry acepta la invitación porque no desea permanecer en el espacio de opresión.

Aventura o búsqueda

La novela se organiza como una búsqueda de identidad: Harry debe averiguar quién es y quiénes fueron sus padres, pues hasta ese momento su historia le ha sido negada. Su misión concreta gira en torno al misterio de la Piedra Filosofal, pero durante el proceso se enfrenta a dos tipos de obstáculos: por un lado, la amenaza de Voldemort y, por otro, sus propios miedos y limitaciones, que deberá superar. En este trayecto iniciático no está solo: se rodea de aliados como Hermione y Ron, y de antagonistas como Malfoy, mientras el entorno de Hogwarts funciona como escenario de formación donde conocerá personas que marcarán su vida para siempre.

Clímax

El clímax se produce cuando Harry descubre que Snape no era el auténtico villano y que el verdadero antagonista oculto es el profesor Quirrell, cuya deformidad física responde a que lleva a Voldemort adherido a su cuerpo, una criatura todavía débil que sobrevive alimentándose de sangre de unicornio, acto que implica un costo espiritual altísimo. La revelación de que Harry cuenta con una protección inscrita en su propia carne, fruto del sacrificio de sus padres, explica por qué Voldemort no puede tocarlo; el enfrentamiento concluye con la victoria del niño, que consigue frustrar al enemigo y salvaguardar la Piedra Filosofal.

Resolución

Tras el conflicto, Harry regresa a Hogwarts como vencedor y es recibido con el reconocimiento propio de quien ha arriesgado la vida; incluso Dumbledore, el mago más poderoso del mundo mágico, le otorga un lugar de honra, aunque el propio Harry aún no dimensiona su importancia. Los lazos con sus amigos se fortalecen y la Piedra Filosofal es destruida, cerrando así el arco de la primera aventura y asegurando un cierto equilibrio en el orden mágico.

Cierre

Harry vuelve a la casa de los Dursley para pasar el verano, pero su retorno es solo físico: ahora que ha descubierto su verdadero mundo, no desea regresar a la vida anterior, quiere permanecer para siempre en Hogwarts. La moraleja del relato insiste en que la amistad, el coraje y el amor poseen una fuerza superior al mal personificado; como afirma Dumbledore, fue el amor el que lo salvó, un amor que no encontró en sus tutores pero que se manifiesta en el sacrificio de sus padres, presentes como una protección casi metafísica.

Arquetipo

Harry responde al arquetipo clásico del héroe elegido, una figura especialmente seductora en la infancia porque dialoga con la fantasía de ser el centro del universo, de estar destinado a algo excepcional. El personaje descubre que es famoso mucho antes de entender las razones de esa fama, y el relato acompaña su proceso de conciencia a medida que se revela el pasado. En términos de teoría del viaje del héroe, Harry encarna al sujeto que abandona el mundo ordinario, atraviesa pruebas, recibe ayuda de mentores y regresa transformado, dotado de un “don” que beneficiará a la comunidad. Es, literalmente, un héroe con capa.

Símbolos

El símbolo más evidente es el espejo de Oesed, cuyo nombre leído al revés forma la palabra “deseo”; se trata de un juego lingüístico que remite a la tradición de la escritura especular, utilizada históricamente, entre otros, por Leonardo da Vinci en sus cuadernos, legibles solo mediante un espejo.

El espejo refleja el deseo más profundo de quien se coloca frente a él, pero al mismo tiempo funciona como advertencia frente a la pulsión de quedarse atrapado en una ilusión inalcanzable. Para Harry, la imagen de su familia perdida subraya su anhelo de pertenencia y sirve como prueba ética cuando la Piedra Filosofal solo se revela a quien la busca sin afán de posesión.

Los emblemas de las casas de Hogwarts condensan otro nivel de simbolismo: Gryffindor (león, rojo, dorado). El león remite al poder, la fuerza, la valentía y la dignidad, mientras que el rojo se asocia con la pasión, la energía vital y una forma de amor protectora; el dorado alude a la iluminación, la sabiduría y una dimensión casi solar de la nobleza.​

Slytherin (serpiente, verde, plata). La serpiente condensa tanto la tentación y la traición como la idea de transformación y renacimiento; el verde, vinculado a la envidia y la ambición, también puede leerse como energía vital en tensión; la plata, fría y cortante, sugiere distanciamiento y superficialidad.​

Hufflepuff (tejón, amarillo, negro). El tejón simboliza la tenacidad y la perseverancia inquebrantable; el amarillo remite a la alegría, la calidez y la inteligencia práctica; el negro, por su parte, introduce matices de misterio y autoridad.​

Ravenclaw (águila, azul, bronce). El águila representa poder, agudeza visual e inteligencia; el azul remite a la serenidad y la confianza, y el bronce sugiere resistencia y duración en el tiempo.​

Estos códigos cromáticos y animales son tan potentes que resultan fácilmente trasladables al lenguaje cinematográfico; no es casual que la saga fílmica los explote visualmente, ni que Rowling los haya pensado como parte de un sistema de signos reconocible para el lector-espectador. A ellos se suman otros símbolos: la llave alada, el ajedrez mágico como metáfora de la estrategia y del sacrificio por los amigos, o la snitch dorada, que funciona casi como un pequeño objeto de iluminación espiritual, asociada a la recompensa de quien persevera. La primera captura de la snitch marca a Harry como buscador y prefigura su recorrido de autodescubrimiento y victoria frente a lo aparentemente imposible. Podríamos detenernos largo rato en el análisis de estas capas simbólicas.​

Por qué fue tan famosa la saga

Me pregunto a menudo cuál fue el hechizo que conquistó a millones de lectoras y lectores, de distintas generaciones, que crecieron a la par de Harry. Una de las claves, creo, es la enorme facilidad de emular: resulta sencillo para un niño improvisar una capa con una sábana y una varita con la rama de un árbol; la fantasía de “ser mago” está al alcance de lo cotidiano, no de lo inaccesible.

Otra clave reside en la concepción de un mundo mágico que no se ubica en un planeta remoto, sino “a la vuelta de la esquina”: una plataforma de tren, una calle londinense, un callejón escondido. La idea de que la puerta de entrada pueda estar en la esquina de tu cuadra vuelve plausible lo maravilloso y genera un deseo profundo de hallar esa fisura en la realidad. Rowling, además, toma algunos de los elementos más icónicos de su entorno cultural —los castillos, la arquitectura gótica, los paisajes escoceses— y los resignifica, de modo que quien lee desde otros contextos también termina enamorándose de esa imaginería.

Entre sus aciertos está también la animación de los cuadros, que dialoga con la tradición de la pintura británica y abre la posibilidad de museos que parecen cobrar vida; no es difícil entrar en la National Gallery of Scotland y sentir que se camina por los pasillos de Hogwarts. La autora emula con minuciosidad numerosos detalles de su cultura y los integra en una mitología propia, logrando que el público termine amando no solo al personaje, sino todo el ecosistema simbólico que lo rodea.

Como muchos niños y jovenes adultos de mi generación amaron la serie desde el primer libro, yo puedo decir que mi enamoramiento fue más tardío: llegó después de recorrer algunos de esos lugares y, sobre todo, después de sumergirme en el universo de Harry en la página impresa. Solo entonces entendí que se trata de una verdadera obra maestra de la literatura infantil, en la que el humor, la atmósfera y la cosmovisión conforman un tejido narrativo excepcional. En 2010, J. K. Rowling recibió el Hans Christian Andersen Literature Award, un premio danés creado para honrar a autores cuyas obras dialogan con el legado de Andersen, y fue la primera escritora en obtenerlo. Este galardón, uno de los más prestigiosos vinculados a la literatura para niños y jóvenes, confirmó el impacto de una saga que ya formaba parte del imaginario colectivo mundial.

Harry Potter y la piedra filosofal

Es la puerta de entrada a un universo fantástico cuidadosamente construido
Beka Laureano
-
Libros
Publicado:
Feb 23, 2026

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Harry Potter y la piedra filosofal es, para mí, la puerta de entrada a un universo fantástico cuidadosamente construido. Se trata de un libro dirigido a lectores infantiles y juveniles, y en consecuencia su arquitectura narrativa responde a esa lógica: acompaña el tránsito de Harry del mundo muggle al ámbito mágico, sin adelantar información de más, de modo que el lector descubre la magia al mismo ritmo que el protagonista. Este carácter progresivo convierte a la novela en una obra introductoria y, al mismo tiempo, deslumbrante para los ojos de niñas, niños y adultos.

El inicio

Harry Potter nunca ha oído hablar de Hogwarts cuando en el número 4 de Privet Drive empieza a caer una lluvia de sobres de pergamino amarillento, con la dirección escrita con tinta verde y un sello de lacre púrpura. Y aunque los tios de Harry se apresuran a confiscar las cartas, el día que Harry cumple once años un hombre gigantesco llamado Rubeus Hagrid, cuyos ojos brillan como escarabajos negros, irrumpe con una noticia extraordinaria: Harry Potter es un mago, y le han concedido una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. ¡Una aventura increíble está a punto de comenzar!  

Un cuento de hadas convertido en novela

La obra puede leerse como un cuento de hadas expandido a la forma de novela, en el que un niño bondadoso y de corazón noble no se rebela ni se queja: simplemente encarna el amor, la resiliencia, aunque Rowling si le da personalidad férrea. Remite inevitablemente a Cenicienta: una figura maltratada y menospreciada que, sin embargo, conserva una actitud optimista frente al mundo. Así arranca la historia de Harry, un niño huérfano sometido por sus tutores, los Dursley; su vida carece de brillo, aunque el texto sugiere desde el principio que él porta una luz propia que aún desconoce. Rowling va desplegando poco a poco el universo mágico a la par que Harry lo descubre, respetando la estructura del cuento de hadas.

Estructura de cuento de hadas

Introducción

Presentación del protagonista (héroe o heroína). Aquí podemos ubicar también la escena en la que los magos (Dumbuldore,Hagrid y McGonagall) dejan a Harry en el umbral de la casa de los Dursley, con la convicción de que ese es el único lugar donde estará a salvo.

Una segunda presentación del personaje se produce cuando lo vemos realizando las tareas domésticas que le imponen los Dursley: cocinar, limpiar, servir. Desde esas primeras imágenes sabemos que estamos ante un niño huérfano y maltratado, aunque todavía se nos ocultan las causas profundas de esa situación.

Descripción del mundo o entorno del protagonista: observamos el modo en que vive, su soledad y su sensación de extrañamiento en un mundo que parece no tener sentido para él; al mismo tiempo, percibimos indicios de una magia latente que ni el personaje ni el lector terminan aún de comprender.

Establecimiento de la situación inicial: a través de la visita al zoológico advertimos que Harry es distinto; cuando se enoja, ocurren sucesos que desbordan lo que la gente “normal” considera posible, y ese desajuste anuncia el ingreso a lo maravilloso.

Incidente desencadenante

El incidente desencadenante es el acontecimiento que altera la vida del protagonista y modifica para siempre su horizonte de expectativas. En este caso, la llegada insistente de las cartas de Hogwarts constituye ese punto de quiebre, tanto más significativo ya que Harry nunca había recibido una sola carta en su vida; la escena ha sido tan icónica que la adaptación cinematográfica la convierte en un momento memorable.

La motivación del héroe se acentúa cuando los Dursley le impiden leer las cartas y lo arrastran a un lugar remoto para evitar que sea encontrado; entonces irrumpe Hagrid como figura mentora, abre simbólicamente la puerta al mundo mágico y Harry acepta la invitación porque no desea permanecer en el espacio de opresión.

Aventura o búsqueda

La novela se organiza como una búsqueda de identidad: Harry debe averiguar quién es y quiénes fueron sus padres, pues hasta ese momento su historia le ha sido negada. Su misión concreta gira en torno al misterio de la Piedra Filosofal, pero durante el proceso se enfrenta a dos tipos de obstáculos: por un lado, la amenaza de Voldemort y, por otro, sus propios miedos y limitaciones, que deberá superar. En este trayecto iniciático no está solo: se rodea de aliados como Hermione y Ron, y de antagonistas como Malfoy, mientras el entorno de Hogwarts funciona como escenario de formación donde conocerá personas que marcarán su vida para siempre.

Clímax

El clímax se produce cuando Harry descubre que Snape no era el auténtico villano y que el verdadero antagonista oculto es el profesor Quirrell, cuya deformidad física responde a que lleva a Voldemort adherido a su cuerpo, una criatura todavía débil que sobrevive alimentándose de sangre de unicornio, acto que implica un costo espiritual altísimo. La revelación de que Harry cuenta con una protección inscrita en su propia carne, fruto del sacrificio de sus padres, explica por qué Voldemort no puede tocarlo; el enfrentamiento concluye con la victoria del niño, que consigue frustrar al enemigo y salvaguardar la Piedra Filosofal.

Resolución

Tras el conflicto, Harry regresa a Hogwarts como vencedor y es recibido con el reconocimiento propio de quien ha arriesgado la vida; incluso Dumbledore, el mago más poderoso del mundo mágico, le otorga un lugar de honra, aunque el propio Harry aún no dimensiona su importancia. Los lazos con sus amigos se fortalecen y la Piedra Filosofal es destruida, cerrando así el arco de la primera aventura y asegurando un cierto equilibrio en el orden mágico.

Cierre

Harry vuelve a la casa de los Dursley para pasar el verano, pero su retorno es solo físico: ahora que ha descubierto su verdadero mundo, no desea regresar a la vida anterior, quiere permanecer para siempre en Hogwarts. La moraleja del relato insiste en que la amistad, el coraje y el amor poseen una fuerza superior al mal personificado; como afirma Dumbledore, fue el amor el que lo salvó, un amor que no encontró en sus tutores pero que se manifiesta en el sacrificio de sus padres, presentes como una protección casi metafísica.

Arquetipo

Harry responde al arquetipo clásico del héroe elegido, una figura especialmente seductora en la infancia porque dialoga con la fantasía de ser el centro del universo, de estar destinado a algo excepcional. El personaje descubre que es famoso mucho antes de entender las razones de esa fama, y el relato acompaña su proceso de conciencia a medida que se revela el pasado. En términos de teoría del viaje del héroe, Harry encarna al sujeto que abandona el mundo ordinario, atraviesa pruebas, recibe ayuda de mentores y regresa transformado, dotado de un “don” que beneficiará a la comunidad. Es, literalmente, un héroe con capa.

Símbolos

El símbolo más evidente es el espejo de Oesed, cuyo nombre leído al revés forma la palabra “deseo”; se trata de un juego lingüístico que remite a la tradición de la escritura especular, utilizada históricamente, entre otros, por Leonardo da Vinci en sus cuadernos, legibles solo mediante un espejo.

El espejo refleja el deseo más profundo de quien se coloca frente a él, pero al mismo tiempo funciona como advertencia frente a la pulsión de quedarse atrapado en una ilusión inalcanzable. Para Harry, la imagen de su familia perdida subraya su anhelo de pertenencia y sirve como prueba ética cuando la Piedra Filosofal solo se revela a quien la busca sin afán de posesión.

Los emblemas de las casas de Hogwarts condensan otro nivel de simbolismo: Gryffindor (león, rojo, dorado). El león remite al poder, la fuerza, la valentía y la dignidad, mientras que el rojo se asocia con la pasión, la energía vital y una forma de amor protectora; el dorado alude a la iluminación, la sabiduría y una dimensión casi solar de la nobleza.​

Slytherin (serpiente, verde, plata). La serpiente condensa tanto la tentación y la traición como la idea de transformación y renacimiento; el verde, vinculado a la envidia y la ambición, también puede leerse como energía vital en tensión; la plata, fría y cortante, sugiere distanciamiento y superficialidad.​

Hufflepuff (tejón, amarillo, negro). El tejón simboliza la tenacidad y la perseverancia inquebrantable; el amarillo remite a la alegría, la calidez y la inteligencia práctica; el negro, por su parte, introduce matices de misterio y autoridad.​

Ravenclaw (águila, azul, bronce). El águila representa poder, agudeza visual e inteligencia; el azul remite a la serenidad y la confianza, y el bronce sugiere resistencia y duración en el tiempo.​

Estos códigos cromáticos y animales son tan potentes que resultan fácilmente trasladables al lenguaje cinematográfico; no es casual que la saga fílmica los explote visualmente, ni que Rowling los haya pensado como parte de un sistema de signos reconocible para el lector-espectador. A ellos se suman otros símbolos: la llave alada, el ajedrez mágico como metáfora de la estrategia y del sacrificio por los amigos, o la snitch dorada, que funciona casi como un pequeño objeto de iluminación espiritual, asociada a la recompensa de quien persevera. La primera captura de la snitch marca a Harry como buscador y prefigura su recorrido de autodescubrimiento y victoria frente a lo aparentemente imposible. Podríamos detenernos largo rato en el análisis de estas capas simbólicas.​

Por qué fue tan famosa la saga

Me pregunto a menudo cuál fue el hechizo que conquistó a millones de lectoras y lectores, de distintas generaciones, que crecieron a la par de Harry. Una de las claves, creo, es la enorme facilidad de emular: resulta sencillo para un niño improvisar una capa con una sábana y una varita con la rama de un árbol; la fantasía de “ser mago” está al alcance de lo cotidiano, no de lo inaccesible.

Otra clave reside en la concepción de un mundo mágico que no se ubica en un planeta remoto, sino “a la vuelta de la esquina”: una plataforma de tren, una calle londinense, un callejón escondido. La idea de que la puerta de entrada pueda estar en la esquina de tu cuadra vuelve plausible lo maravilloso y genera un deseo profundo de hallar esa fisura en la realidad. Rowling, además, toma algunos de los elementos más icónicos de su entorno cultural —los castillos, la arquitectura gótica, los paisajes escoceses— y los resignifica, de modo que quien lee desde otros contextos también termina enamorándose de esa imaginería.

Entre sus aciertos está también la animación de los cuadros, que dialoga con la tradición de la pintura británica y abre la posibilidad de museos que parecen cobrar vida; no es difícil entrar en la National Gallery of Scotland y sentir que se camina por los pasillos de Hogwarts. La autora emula con minuciosidad numerosos detalles de su cultura y los integra en una mitología propia, logrando que el público termine amando no solo al personaje, sino todo el ecosistema simbólico que lo rodea.

Como muchos niños y jovenes adultos de mi generación amaron la serie desde el primer libro, yo puedo decir que mi enamoramiento fue más tardío: llegó después de recorrer algunos de esos lugares y, sobre todo, después de sumergirme en el universo de Harry en la página impresa. Solo entonces entendí que se trata de una verdadera obra maestra de la literatura infantil, en la que el humor, la atmósfera y la cosmovisión conforman un tejido narrativo excepcional. En 2010, J. K. Rowling recibió el Hans Christian Andersen Literature Award, un premio danés creado para honrar a autores cuyas obras dialogan con el legado de Andersen, y fue la primera escritora en obtenerlo. Este galardón, uno de los más prestigiosos vinculados a la literatura para niños y jóvenes, confirmó el impacto de una saga que ya formaba parte del imaginario colectivo mundial.

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