En el desértico planeta de Arrakis, el agua es el bien más preciado y llorar a los muertos, el símbolo de máxima prodigalidad. Pero algo hace de Arrakis una pieza estratégica para los intereses del emperador, las grandes Casas y la Cofradía, los tres grandes poderes de la galaxia. Arrakis es el único planeta conocido que contiene la melange, preciosa especia y uno de los bienes más codiciados del universo.
Al duque Leto Atreides se le asigna el gobierno de este mundo inhóspito, habitado por los indómitos Fremen y por monstruosos gusanos de arena de centenares de metros de longitud. Sin embargo, cuando la familia es traicionada, su hijo y heredero, Paul, emprenderá un viaje hacia un destino más grande del que jamás hubiese podido soñar.
Dune es una construcción de un mundo tan detallado que no se puede dejar de leer. Cada aspecto, cada acción, está planeada de manera magistral. No es para menos: el autor se tomó su tiempo para concluir la saga —fueron aproximadamente unos 16 años en total—, y en ese lapso escribió otras novelas porque no deseaba que se le encasillara solo en Dune. De hecho, tenía ganas de sacar un septimo libro, pero murió en 1986, un año después de publicar Casa Capitular Dune (el sexto). Como dato curioso la novela fue rechazada 23 veces antes de su publicación. El estilo de Frank Herbert es tan específico y complejo, combinando reflexiones profundas; estos detalles están entretejidos en simbolismos que representan directamente el universo de Dune. Un ejemplo claro son los destiltrajes que los habitantes, los Fremen, necesitan para sobrevivir en este entorno que parece desolado, pero que no lo es. Así, se convierten en un símbolo del propio planeta: cuando uno avanza en la trama, nos damos cuenta de que los habitantes de Dune no pueden vivir fuera de Arrakis porque necesitan la melange como una droga que los ayuda a sobrevivir en ese universo. El traje que él describe tampoco se puede vivir sin él. Así y más símbolos existen en este universo que tomó años construir.

Definitivamente, si no eres asiduo a leer ciencia ficción, puedes ver primero la película: esto ayudará a tu cerebro a crear el universo de Dune. Una vez sumergido en esta cosmovisión, puedes dejarte llevar por la magia ficcionaria del libro de Dune, que invita a la reflexión sobre un universo que no dista mucho del nuestro. Nos muestra que el poder y la religión van de la mano, y que el hombre puede ser tan egoísta, no importando nada a su paso para obtener lo que quiere. Aunque este tema es muy utilizado en las novelas, Dune nos agarra del cuello para mostrarnos con ojos diferentes que se puede tratar desde otra perspectiva.
Y claro, si el hombre se ha peleado tanto tiempo por el poder —que puede representar un mundo, una herramienta o, en este caso, la melange que da el poder de crear un ser superior—, pero shh, nadie lo sabe aún. Solo las reverendas madres, a las que se nombra la Bene Gesserit.
Así que agárrate de donde puedas, porque Herbert te muestra un futuro donde la Yihad Butleriana prohibió las máquinas pensantes, y entonces la humanidad depende de la especia de Arrakis, que solo es producida por los gusanos de arena. Aquí nos presentan que el imperio está gobernado por el emperador Shaddam IV, con casas como los Atreides y los Harkonnen compitiendo por feudos planetarios. Las Bene Gesserit, una orden femenina, manipulan la genética en busca del Kwisatz Haderach para crear un superhumano. El problema es que se les sale de control: Jessica tiene un varón cuando le habían pedido las Bene Gesserit una hija, pero cumple los deseos de Leto, acelerando el plan de forma impredecible. Las brujas, como Herbert las llama, querían que Jessica tuviera un hija y que se casara con Feyd-Rautha Harkonnen para después tener al Haderach y ellas control la situación.

Los Harkonnen le dan a Leto un regalo —por decirlo de alguna manera— y es Arrakis, pero es una trampa real. Sin embargo, Leto lo sabe, pero lo acepta porque cree que de esa manera obtendría una ventaja. Y acierta, pero a cambio de su propia muerte.
Arrakis es un mundo hermoso, o por lo menos a mí me lo pareció de esa manera cuando el autor describe sus grandes dunas y cordilleras rocosas que defienden de los enemigos como gigantes que ayudan a los elegidos. Sus habitantes, los Fremen, son guerreros de arena: humanos dotados con grandes herramientas y enseñanzas de supervivencia.
El planeta Arrakis sufre tormentas extremas, como la primera noche que pasa solo Paul, que oscila entre los 15 grados centígrados y 45 grados centígrados, con alta concentración de ozono que calienta la atmósfera. La gravedad es impensable, y al planeta lo orbita dos lunas.
Un mundo que parece desolado —o así lo describe el autor al inicio—, pero recuerda que para ser diamante tuvieron que tallarlo para encontrar su valor. Es igual con Arrakis: un mundo donde parece que no hay vida, pero en las profundidades existen los gusanos gigantes. Estos seres casi mitológicos, pensados para atemorizar, son los que crean la famosa melange y hacen de Arrakis un mundo que todos los imperios quieren. ¿Te suena familiar? Pues sí, es un referente a nuestra realidad, cuando un país como Estados Unidos desea más poder... y eso se le llama gasolina.

Desde el principio, los Fremen no reciben del todo mal a Leto, aunque tienen sus dudas, pero lo acogen en Arrakis. Por eso, los Atreides se salvan de una extinción.
Cuando Leto es derrocado, Paul y Jessica salen de su fortaleza y se enfrentan a los peligros de Arrakis. No sin antes ser acogidos y ayudados a escapar por los Fremen. Pero para que sean totalmente aceptados, la dama Jessica tiene que pensar en una forma de convencerlos. Ella recuerda la leyenda de que llegará un Mesías de otro lugar y liberará a los Fremen de las invasiones y lo usa a su favor. Los Fremen siempre han sido invadidos por la famosa especia —o melange, que son lo mismo: la segunda es su nombre formal y la primera, el término coloquial que usan los Fremen—.
Jessica, para que sean aceptados en el mundo real de los Fremen, se agarra de esa leyenda para hacer creer que su hijo Paul es el Mesías. Y como tiene poderes Bene Gesserit, sí parece, y todo sale a pedir de boca. Porque mientras más está en Dune, más obtiene melange, ya que se encuentra en el ambiente. Y cuando los Fremen creen que es el Mesías, es cuando Paul monta un gusano enorme. De ahí se transforma en Muad'Dib, tomando el agua de la vida —que es el licor tóxico de una trucha de arena muerta, o sea, un gusano pequeño—. Jessica se transforma de manera obligada en reverenda madre tomando el agua de la vida, pero lo que no sabenes que estaba embarazada.
Y lo raro de toda esta transformación es que a Paul le llegan visiones que no son muy alentadoras. De todas formas, él sigue su camino, intentando cambiar esas imágenes catastróficas.

Lo que hace falta es una revolución, y así sucede cuando Paul desafía al emperador. Sus séquitos —los que estaban con él, como Gurney Halleck, que era un Atreides, y los nuevos Fremen como Stilgar, que es muy importante para la trama de Dune— lo apoyan. Stilgar es el que cree fielmente en la leyenda yconvence a todos que Paul es el Mesías.
Paul le gana a Feyd-Rautha Harkonnen y la princesa Irulan se casa con él en un enlace político que sella su ascenso.
No, no me he olvidado de Chani. Es muy importante en todo esto: es el corazón de Paul, representa el arquetipo de la mujer Fremen guerrera y ancla moral. Es muy importante porque, si ella no está, cosas malas hubieran sucedido antes. Es la voz de la razón, humaniza a Paul y aquella que lo sumergirá en el mundo Fremen. Será su guía y le dará un hijo que perderán, y posteriormente unos gemelos muy importantes en el futuro de Dune.

Utiliza un narrador omnisciente que alterna perspectivas entre personajes, intercalando pensamientos internos para revelar motivaciones ocultas. La prosa es fluida, con un lenguaje sencillo sin pretensiones. El autor se centra más en que comprendas el lore y la cosmovisión del universo de Dune, y en entender cómo se desarrolla la política y la religión en este universo. Sus temas, son la traición, el heroísmo y el destino. Su glosario creativo se extiende desde la religión hasta la política, lo que hace más inmersivo el mundo. En el inicio de cada capítulo usa epígrafes poéticos aludiendo a un personaje que puede que haya salido en la trama en ese momento o no, como en el caso de la princesa Irulan.
Esto es muy interesante: el personaje principal, Paul, es un antihéroe. Aunque comienza de una manera noble, tratando de vengar a su familia y eligiendo de la mejor manera posible, pero conforme avanza la trama se da cuenta de que no es un salvador, de que su toma de decisiones tendrán consecuencias graves.
Según el autor, escribió El Mesías de Dune porque quedó decepcionado de que los lectores amaran e idolatraran a Paul. Lo que él quería era dejar en claro cuáles son las consecuencias de un régimen teocrático autoritario. Y que todos en el poder podemos convertirnos de ovejas a lobos.

Como siempre he dicho, todos tenemos dos lados: el positivo y el negativo, la oscuridad y la luz. Somos personas duales. Grandes literatos tienen ese lado oscuro, como Pablo Neruda, acusado de violentar a una mujer, o J.K. Rowling por sus ideas anti-comunidad LGBTQ+. No es diferente el caso de Herbert, que tuvo tensiones con su hijo Bruce, abiertamente gay, a quien supuestamente repudió por su orientación. Según se dice, esto influyó en sus escritos, representando a su hijo como el barón Harkonnen, retratado como un pedófilo, incestuoso y depredador sexual: el único personaje abiertamente gay, asociando la homosexualidad con maldad.
En entrevistas,como una en UCLA (1985), defendió estereotipos al ligar la homosexualidad con"comportamiento masoquista" y optar por "no continuar la especie", mostrando sus prejuicios. Este lado perturbador contrasta con la profundidad de Dune, recordándonos que incluso los genios literarios cargan sombras humanas.

La saga original consta de seis libros principales escritos por Herbert:

Película
Series(Miniseries)
Precuelas y Futuro
Una obra bien escrita, desarrollada con tal maestría e intensidad, crea un universo, un lore, una cosmovisión tan perfectos y creíbles que puede durar décadas en la mente de los lectores. Este es el caso del universo Dune.
En el desértico planeta de Arrakis, el agua es el bien más preciado y llorar a los muertos, el símbolo de máxima prodigalidad. Pero algo hace de Arrakis una pieza estratégica para los intereses del emperador, las grandes Casas y la Cofradía, los tres grandes poderes de la galaxia. Arrakis es el único planeta conocido que contiene la melange, preciosa especia y uno de los bienes más codiciados del universo.
Al duque Leto Atreides se le asigna el gobierno de este mundo inhóspito, habitado por los indómitos Fremen y por monstruosos gusanos de arena de centenares de metros de longitud. Sin embargo, cuando la familia es traicionada, su hijo y heredero, Paul, emprenderá un viaje hacia un destino más grande del que jamás hubiese podido soñar.
Dune es una construcción de un mundo tan detallado que no se puede dejar de leer. Cada aspecto, cada acción, está planeada de manera magistral. No es para menos: el autor se tomó su tiempo para concluir la saga —fueron aproximadamente unos 16 años en total—, y en ese lapso escribió otras novelas porque no deseaba que se le encasillara solo en Dune. De hecho, tenía ganas de sacar un septimo libro, pero murió en 1986, un año después de publicar Casa Capitular Dune (el sexto). Como dato curioso la novela fue rechazada 23 veces antes de su publicación. El estilo de Frank Herbert es tan específico y complejo, combinando reflexiones profundas; estos detalles están entretejidos en simbolismos que representan directamente el universo de Dune. Un ejemplo claro son los destiltrajes que los habitantes, los Fremen, necesitan para sobrevivir en este entorno que parece desolado, pero que no lo es. Así, se convierten en un símbolo del propio planeta: cuando uno avanza en la trama, nos damos cuenta de que los habitantes de Dune no pueden vivir fuera de Arrakis porque necesitan la melange como una droga que los ayuda a sobrevivir en ese universo. El traje que él describe tampoco se puede vivir sin él. Así y más símbolos existen en este universo que tomó años construir.

Definitivamente, si no eres asiduo a leer ciencia ficción, puedes ver primero la película: esto ayudará a tu cerebro a crear el universo de Dune. Una vez sumergido en esta cosmovisión, puedes dejarte llevar por la magia ficcionaria del libro de Dune, que invita a la reflexión sobre un universo que no dista mucho del nuestro. Nos muestra que el poder y la religión van de la mano, y que el hombre puede ser tan egoísta, no importando nada a su paso para obtener lo que quiere. Aunque este tema es muy utilizado en las novelas, Dune nos agarra del cuello para mostrarnos con ojos diferentes que se puede tratar desde otra perspectiva.
Y claro, si el hombre se ha peleado tanto tiempo por el poder —que puede representar un mundo, una herramienta o, en este caso, la melange que da el poder de crear un ser superior—, pero shh, nadie lo sabe aún. Solo las reverendas madres, a las que se nombra la Bene Gesserit.
Así que agárrate de donde puedas, porque Herbert te muestra un futuro donde la Yihad Butleriana prohibió las máquinas pensantes, y entonces la humanidad depende de la especia de Arrakis, que solo es producida por los gusanos de arena. Aquí nos presentan que el imperio está gobernado por el emperador Shaddam IV, con casas como los Atreides y los Harkonnen compitiendo por feudos planetarios. Las Bene Gesserit, una orden femenina, manipulan la genética en busca del Kwisatz Haderach para crear un superhumano. El problema es que se les sale de control: Jessica tiene un varón cuando le habían pedido las Bene Gesserit una hija, pero cumple los deseos de Leto, acelerando el plan de forma impredecible. Las brujas, como Herbert las llama, querían que Jessica tuviera un hija y que se casara con Feyd-Rautha Harkonnen para después tener al Haderach y ellas control la situación.

Los Harkonnen le dan a Leto un regalo —por decirlo de alguna manera— y es Arrakis, pero es una trampa real. Sin embargo, Leto lo sabe, pero lo acepta porque cree que de esa manera obtendría una ventaja. Y acierta, pero a cambio de su propia muerte.
Arrakis es un mundo hermoso, o por lo menos a mí me lo pareció de esa manera cuando el autor describe sus grandes dunas y cordilleras rocosas que defienden de los enemigos como gigantes que ayudan a los elegidos. Sus habitantes, los Fremen, son guerreros de arena: humanos dotados con grandes herramientas y enseñanzas de supervivencia.
El planeta Arrakis sufre tormentas extremas, como la primera noche que pasa solo Paul, que oscila entre los 15 grados centígrados y 45 grados centígrados, con alta concentración de ozono que calienta la atmósfera. La gravedad es impensable, y al planeta lo orbita dos lunas.
Un mundo que parece desolado —o así lo describe el autor al inicio—, pero recuerda que para ser diamante tuvieron que tallarlo para encontrar su valor. Es igual con Arrakis: un mundo donde parece que no hay vida, pero en las profundidades existen los gusanos gigantes. Estos seres casi mitológicos, pensados para atemorizar, son los que crean la famosa melange y hacen de Arrakis un mundo que todos los imperios quieren. ¿Te suena familiar? Pues sí, es un referente a nuestra realidad, cuando un país como Estados Unidos desea más poder... y eso se le llama gasolina.

Desde el principio, los Fremen no reciben del todo mal a Leto, aunque tienen sus dudas, pero lo acogen en Arrakis. Por eso, los Atreides se salvan de una extinción.
Cuando Leto es derrocado, Paul y Jessica salen de su fortaleza y se enfrentan a los peligros de Arrakis. No sin antes ser acogidos y ayudados a escapar por los Fremen. Pero para que sean totalmente aceptados, la dama Jessica tiene que pensar en una forma de convencerlos. Ella recuerda la leyenda de que llegará un Mesías de otro lugar y liberará a los Fremen de las invasiones y lo usa a su favor. Los Fremen siempre han sido invadidos por la famosa especia —o melange, que son lo mismo: la segunda es su nombre formal y la primera, el término coloquial que usan los Fremen—.
Jessica, para que sean aceptados en el mundo real de los Fremen, se agarra de esa leyenda para hacer creer que su hijo Paul es el Mesías. Y como tiene poderes Bene Gesserit, sí parece, y todo sale a pedir de boca. Porque mientras más está en Dune, más obtiene melange, ya que se encuentra en el ambiente. Y cuando los Fremen creen que es el Mesías, es cuando Paul monta un gusano enorme. De ahí se transforma en Muad'Dib, tomando el agua de la vida —que es el licor tóxico de una trucha de arena muerta, o sea, un gusano pequeño—. Jessica se transforma de manera obligada en reverenda madre tomando el agua de la vida, pero lo que no sabenes que estaba embarazada.
Y lo raro de toda esta transformación es que a Paul le llegan visiones que no son muy alentadoras. De todas formas, él sigue su camino, intentando cambiar esas imágenes catastróficas.

Lo que hace falta es una revolución, y así sucede cuando Paul desafía al emperador. Sus séquitos —los que estaban con él, como Gurney Halleck, que era un Atreides, y los nuevos Fremen como Stilgar, que es muy importante para la trama de Dune— lo apoyan. Stilgar es el que cree fielmente en la leyenda yconvence a todos que Paul es el Mesías.
Paul le gana a Feyd-Rautha Harkonnen y la princesa Irulan se casa con él en un enlace político que sella su ascenso.
No, no me he olvidado de Chani. Es muy importante en todo esto: es el corazón de Paul, representa el arquetipo de la mujer Fremen guerrera y ancla moral. Es muy importante porque, si ella no está, cosas malas hubieran sucedido antes. Es la voz de la razón, humaniza a Paul y aquella que lo sumergirá en el mundo Fremen. Será su guía y le dará un hijo que perderán, y posteriormente unos gemelos muy importantes en el futuro de Dune.

Utiliza un narrador omnisciente que alterna perspectivas entre personajes, intercalando pensamientos internos para revelar motivaciones ocultas. La prosa es fluida, con un lenguaje sencillo sin pretensiones. El autor se centra más en que comprendas el lore y la cosmovisión del universo de Dune, y en entender cómo se desarrolla la política y la religión en este universo. Sus temas, son la traición, el heroísmo y el destino. Su glosario creativo se extiende desde la religión hasta la política, lo que hace más inmersivo el mundo. En el inicio de cada capítulo usa epígrafes poéticos aludiendo a un personaje que puede que haya salido en la trama en ese momento o no, como en el caso de la princesa Irulan.
Esto es muy interesante: el personaje principal, Paul, es un antihéroe. Aunque comienza de una manera noble, tratando de vengar a su familia y eligiendo de la mejor manera posible, pero conforme avanza la trama se da cuenta de que no es un salvador, de que su toma de decisiones tendrán consecuencias graves.
Según el autor, escribió El Mesías de Dune porque quedó decepcionado de que los lectores amaran e idolatraran a Paul. Lo que él quería era dejar en claro cuáles son las consecuencias de un régimen teocrático autoritario. Y que todos en el poder podemos convertirnos de ovejas a lobos.

Como siempre he dicho, todos tenemos dos lados: el positivo y el negativo, la oscuridad y la luz. Somos personas duales. Grandes literatos tienen ese lado oscuro, como Pablo Neruda, acusado de violentar a una mujer, o J.K. Rowling por sus ideas anti-comunidad LGBTQ+. No es diferente el caso de Herbert, que tuvo tensiones con su hijo Bruce, abiertamente gay, a quien supuestamente repudió por su orientación. Según se dice, esto influyó en sus escritos, representando a su hijo como el barón Harkonnen, retratado como un pedófilo, incestuoso y depredador sexual: el único personaje abiertamente gay, asociando la homosexualidad con maldad.
En entrevistas,como una en UCLA (1985), defendió estereotipos al ligar la homosexualidad con"comportamiento masoquista" y optar por "no continuar la especie", mostrando sus prejuicios. Este lado perturbador contrasta con la profundidad de Dune, recordándonos que incluso los genios literarios cargan sombras humanas.

La saga original consta de seis libros principales escritos por Herbert:

Película
Series(Miniseries)
Precuelas y Futuro
Una obra bien escrita, desarrollada con tal maestría e intensidad, crea un universo, un lore, una cosmovisión tan perfectos y creíbles que puede durar décadas en la mente de los lectores. Este es el caso del universo Dune.
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