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foto kiki la aprendiz de bruja
"Cada uno tenemos que encontrar nuestra propia inspiración... y a veces no es nada fácil." - Kiki, la aprendiza de bruja (1989)
Rebeca Laureano Palma (Beka)
Todos los derechos reservados.
Cuernavaca, Morelos, México. 2024.

Enigma

Hace años entré a esta empresa, había trabajado en otros lugares, nunca me quedaba por tanto tiempo, siempre pensé que había algo mejor para mí. Me imaginaba otra vida...
Beka Laureano
Publicado:
17/5/22
Tiempo de lectura:
15 minutos

Escucha el cuento:

Ella, en el bosque de los susurros espera a una sombra tan oscura que con trabajo alcanza a ver la silueta, apenas nota esa figura extraña, sus pupilas se dilatan al compás de su corazón que palpita como un dragón de fuego.

      Armaba un rompecabezas con la tranquilidad que revelaba su rostro. Era una tarde placentera, el viento suave atrapaba las hojas de los árboles que deseaban seguir en ese vaivén de música clásica. Desde su balcón se concentraba sentada sobre una manta dorada. La lluvia hizo su aparición y no tuvo más remedio que meterse, gotas enormes caían lento y como el cielo estaba despejado era sinónimo de que se formaría un arcoíris. De pronto, de la nada, el rompecabezas estaba terminado y la oscuridad rebotó sin aviso: la luz se había apagado.

Miró sus pies descalzos sobre el pasto húmedo, tan frío que apenas pudo moverlos. Castillo de piedra a distancia, levantó la vista y detrás, se alzaba una ola de enormes magnitudes, corrió tratando de alejarse, pero el lodo la apresaba cual grilletes de acero y, de pronto, el agua llegó cubriéndola. La respiración se hizo pesada, densa en esa agua turbia; abrió los ojos con dolor y observó una figura extraña.

      Suena el despertador, respiro tres veces mientras me despabilo de esa quimera extraña. Me ha pasado en otras ocasiones, aunque cada vez son más raros. A veces suelo llorar dentro del sueño, me toco la cara, siento empapadas mis mejillas, me levanto lento. Aunque me gustaría entenderlo, no tengo tiempo porque el trabajo me aguarda. Voy a la cocina y preparo el café, me percato de unos rasguños en la puerta de la entrada, me acerco para revisarlos y ver si hay forma de arreglarlos. Rento esta casa, empecé a vivir aquí hace ocho años, no esperaba quedarme tanto tiempo, era por mientras, pero se está convirtiendo en un para siempre. No he podido ganar más dinero, de hecho, me gustaría que me subieran el sueldo, pero cada vez que entro a la oficina de mi jefe para pedirlo, no me salen las palabras y me decepciono de mí, siempre me decepciono.

      Hace años entré a esta empresa, había trabajado en otros lugares, nunca me quedaba por tanto tiempo, siempre pensé que había algo mejor para mí. Me imaginaba otra vida, a veces, trato de aparentar felicidad, en mis redes sociales subo fotos de mí y parezco feliz, pero siempre me pregunto por qué no lo soy. Deseo otras cosas que no son mías, siempre que veo las fotos de los demás encuentro algo que quiero pero que no puedo obtener y eso me consume por dentro y en ocasiones me da depresión. La mayoría de la gente admira mis fotos, todo el tiempo escucho, “¿cómo le haces para hacer tantas cosas?” Yo también me pregunto lo mismo, con el sueldo tan mísero que gano no sé cómo le hago. Estudié diseño de interiores, cuando elegí esta carrera estaba en boga y parecía que era una buena elección, pero se volvió tan competida que es difícil obtener un buen trabajo. Por mientras, acepté empleos sencillos, pero no me daban el nivel que deseaba obtener, entonces intenté entrar a un corporativo, lo ambicionaba desde que salí de la universidad, hice todo, arreglé mi currículum y lo dejé perfecto. En una cena conocí a una persona que laboraba en esa empresa por la que yo babeaba, me presentaron y le dijeron que yo quería entrar; por supuesto, me platicó todo. ¡Me dio tanta rabia! porque sólo hablaba de lo espectacular que era, que estaba muy a gusto ahí, que era la empresa que había deseado. ¡Cómo se me retorcieron las tripas al escucharla y al ver su hermosa apariencia!, parecía tan feliz, aparentaba que todo era perfecto, ¡pero no lo creo!, todos mienten al igual que yo, ¿o no? Y mientras la escuchaba me di cuenta de que era muy buena en lo que hacía, de hecho, era excelente, como decía mi profesor “fuera de este mundo”. Me enseñó su Instagram, allí tenía todo lo que había hecho y entendí que no estaba a la altura. Decidí no enviar mi currículum.

 

La seis de la mañana y no sé qué artículo escribiré para el blog, pero sé en qué lugar obtendré ideas. Mi trabajo no es lo mejor del mundo, pero me pagan bien y tengo las prestaciones necesarias, por ahora es suficiente. Para sacar mis historias siempre compro una revista que es de baja calidad y como casi nadie las lee, pues es más sencillo. Lo hago con la finalidad de entretener a la gente, esa revista es de notas sobrenaturales, pero mal investigadas y peor escritas, así que sólo tengo que indagar un poco y listo, ¡un texto más y más dinerito!

        —Hola, Javier.

        Javier, apenas levanta la vista y hace una mueca como saludo, nunca ha sido el mejor vendedor; de hecho, tiene este pequeño puesto de periódicos por su papá. Cuando era joven no quería saber nada del negocio, poco después se dio cuenta de que no era bueno con los estudios y luego de andar del tingo al tango y de sobreponerse a la drogadicción, terminó aquí, frente a un puesto de periódicos que no vende ni para pagar su renta, por eso Javier tiene tres trabajos.

        —¿Tienes el nuevo número de la revista?

        —¿Cuál?—me pregunta de mala gana.

        —Historias que te sorprenden

        —A tu izquierda.

        Javier me ve directamente a los ojos

        —Si quieres una mejor historia, tengo una, sólo que te va a costar.

        —¿Será mejor que éstas? La verdad no me interesa, estas ideas me dan para comer bien y el público las acepta.

        Javier ve que no reacciono y me dice:

        —Esta historia es diferente.

        Tomo la revista y le doy el dinero.

        —Para que veas que soy cuate, te doy un adelanto de la historia, ¿qué te parece?

        —De acuerdo, no tengo nada que perder.

        Entre las revistas del fondo saca un cuaderno pequeño y me dice que les tome fotos a ciertas partes del texto. Lo hago, pero de todas maneras compro mi revista y me voy a trabajar.

        Mi costumbre de la noche es llegar a bañarme, cenar algo que tenga en la cocina, a veces las sobras de la comida que traigo del trabajo, me preparo un café o, si es que tengo, tomo un vino. Voy a la habitación, me trepo en la cama, esta vez y con gran curiosidad tomo mi celular y estoy listo para la lectura.

 

Los rasguños de la entrada simplemente con limpiarlos están saliendo a la perfección y me da mucha tranquilidad, porque mi casero es insoportable. La verdad, estas casitas no están nada cuidadas, pero el señor inmediatamente se da cuenta y cobra todos los desperfectos, aunque no me puedo quejar, tengo una renta muy barata y fija, pero este lugar se está poniendo cada vez peor, los vecinos que han llegado son sucios y groseros, tiran su basura por todos lados y como nadie dice nada, el patio parece un chiquero. No me puedo mudar, así que me conformo, eso sí, mi espacio lo tengo lo mejor posible; sin embargo, el casero nunca ve esas mejorías.

 

Paro de leer, porque la lectura estaba de flojera, “¡de verdad, ésta es la gran historia que me quería vender!” Cambio la foto, quiero ver si más adelante mejora ¡y vaya que lo hizo!

 

Esta noche nuevamente no pude dormir, he estado así por días y en la mañana tengo mucho sueño, me siento tan extenuada que a veces en la oficina cabeceo, me da tanta pena, al principio no se notaba, ahora ya no lo puedo ocultar. Ayer entré al baño y escuché los comentarios de tres compañeras, en ocasiones pienso que la gente tiene tanta malicia. Decían que por fin se me había hecho tener un galán y que de seguro por eso estaba tan agotada, la otra le contestaba que finalmente mi trabajo me había vuelto loca. Alguna vez le comenté que no me gustaba y hacía lo necesario para sacar lo que me pedían. La tercera; que por fin me había dado cuenta de que nunca iba a tener a alguien y que me quedaría sola. Creo que de todos los comentarios este último es el que más me dolió porque era verdad.

        Hace mucho tiempo que he dejado de buscar a alguien, cuando era joven lo intenté ¡tantas veces! Mi primer amor parecía un chico sensato y noble, tocaba el piano, eso era lo que más me agradaba. Hice todo por él, le llevaba cartas, le hacía la promoción de sus conciertos, pero nunca me tomó en serio, sólo me daba amor a migajas, nunca fuimos novios, sólo era amor de medio tiempo y cuando conocía a otra, pues andaba con ella y yo me quedaba desolada. Lo peor, era cuando me decía nuevamente que me quería, ¡yo le creía! y volvía. Obviamente era porque él no tenía a nadie. Tantas historias similares tengo, que les llamo mis amores a migajas. Después, dejé de salir y traté de enfocarme en mi carrera para ser la mejor, tampoco lo logré, pronto entendí que soy promedio y en ocasiones pienso que soy peor que eso. Y sí, elegí quedarme en este empleo, porque no he podido encontrar algo mejor. En la universidad sentía que tenía todas las oportunidades de la vida, ahora mi vida se está apagando, se está consumiendo más rápido de lo que pensé. Lo único que me salva son mis fotos que subo a las redes, las veo una y otra vez, sé que la gente piensa que soy feliz y eso me hacer sentir feliz.

           Mis compañeras salen del baño, tacones hirientes que suenan y dejan un eco en mi cabeza. Por fin puedo salir. Me veo en el espejo, mis ojeras no las oculta el maquillaje, mi dolor se refleja ahí, mi angustia, mi insomnio, mi estrés de toda la vida y de esos sueños que aparecen en la noche.

En la casa preparo la cena, no quiero que llegue la hora de dormir, pero llega.

           Gruñidos, sonidos que rompen la oscuridad, pasos constantes de una fiera infernal. Frente a un espejo escribe con la sangre que deambula en sus dedos. Dolor de trueno que revienta su cabeza, gritos ahogados dentro de su mente. Se sienta, se para, se vuelve a sentar, mueve la cabeza de lado a lado con una rapidez de locura, ojos cerrados, ojos abiertos, ojos de la noche oscura, ojos que ven más allá de lo que logra comprender.

           Me levanto otra vez, no puedo dormir, ¿o dormí?, cierro los ojos y me asusta lo que veo, los abro y no recuerdo lo que soñé. Camino a mi ventana y mejor espero el amanecer, pero un sonsonete me sorprende, me dirijo a la puerta de la entrada y veo de nuevo los rasguños, esta vez son más profundos, abro y los arbustos se mueven, el miedo me invade y vuelvo a entrar.

 

Esta historia está agarrando forma, lo malo es, sólo tengo una foto más para leer, tendré que ir mañana por el resto.

 

Me invitaron a una fiesta, aunque no tenía ganas de ir, siempre voy a todo lo que me invitan nunca digo que no, porque rodeada de personas siento que mi soledad es menor. Esta vez no conocía a nadie, pero aun así fui. Me senté en el sillón de la esquina, que por cierto tenía un olor amargo, normalmente platico, o trato de tener alguna conversación simple, también saco fotos para subirlas a mis redes, para que vean que soy feliz. Odio esa palabra, ¡en verdad, la odio!, porque desde que la incorporaron al lenguaje cotidiano la engrandecieron, a veces creo que siempre debo de estar feliz, pero… ¿quién puede ser feliz todo el tiempo?, ¿quién puede estar contenta y agradecida con la vida todo el tiempo?, es algo agotador, pero me dejé llevar y entré al juego. Por eso hago estas fotos de gente que no conozco, de gente que me invita a salir y yo digo que sí, sólo para que digan que soy feliz.

           Y ahora me encuentro en la sala de un extraño tomando cerveza barata. Voces, pláticas sin sentido que regurgitan mi mente; de pronto las apago, porque veo pasar en la ventana algo desconocido, me paro rápido y uno de los invitados se levanta y camina hacia mi lado y me pregunta:

¿Qué pasa?

           No le contesto, me mira de reojo y se va. Veo hacia la oscuridad de la cuadra y sobresale la pata de un animal. Se termina la fiesta y poco a poco los invitados se retiran, por supuesto no me quiero ir sola, así que me salgo con una pareja, pero ellos se despiden de mí diciendo que dejaron su carro al otro extremo.

           Me quiero regresar a la fiesta en ese instante, pero me da pena, así que camino en la oscuridad de aquellas calles sin pavimentar. La inseguridad no es algo que me preocupa en este momento, porque si mis ojos no me engañan vi algo en ese baldío.

           Me despierto con un grito desgarrador y me doy cuenta de que estoy en casa. ¡cómo demonios llegué aquí!, no recuerdo qué sucedió después de caminar por esa calle.

 

Me preparo para ir al puesto de revistas. Salgo de casa y en una esquina está Javier como siempre, sentado en su silla desgastada, esperando clientes que no llegarán.

           —Vengo por la historia.

           —Te dije que te iba a gustar, ¿o no?

           —Pues… está interesante y quiero enterarme en qué acaba. ¿Cuánto por el diario?

           —Siete mil pesos.

           —¡Estás loco, es demasiado!

           —Deseas la historia completa, ¿o no?

           —A ese precio, ¡ni lo sueñes!

           Me doy la vuelta, porque sé que necesita el dinero y no dejará que me vaya.

           —¡Oye!, tú ganas, te lo dejo en cinco mil pesos.

           —No.

           —Tres mil pesos y es mi última oferta.

           Aunque el precio aún es caro, reflexiono un momento porque si hago bien esta historia, será mi ascenso y habrá valido la pena.

           —Tengo dos mil quinientos —le muestro el dinero, no lo puede resistir y los toma.

           Esta noche será algo especial.

           Llego a casa, abro el refrigerador y tomo para cenar las sobras de ayer. ¿Qué me pasó en la oficina?, me pregunto una y otra vez. Escuché un gruñido tan fuerte como si alguien se hubiera puesto a lado de mi oreja, pero nadie más lo oyó. Me levanté tan espantado que grité, recuerdo cómo me miraron, totalmente desconcertados. Traté de actuar normal, pero fue en vano, una compañera de trabajo me preguntó: “¿Estás bien?”, le dije que sí con un movimiento de la cabeza. Me senté, moría de pena y seguí comiendo. Qué más da, ya pasó, es momento de leer mi nueva historia.

 

Amo a Luis, es un hombre tan bueno, la primera vez que lo conocí estaba sentado leyendo en una cafetería que se encuentra afuera de mi trabajo, con las piernas cruzadas y esa barba de candado que me hizo vibrar. Me senté a su lado para que me notara, después de unos minutos lo hizo. Dijo que una amiga de él me conocía y que me había visto en las fotos. Si supiera que ni es mi amiga, ese día alguien me invitó a la fiesta y me sentía tan triste que pensé que alcohol salvaría mi día. Sé cómo aparentar que estoy feliz, así que lo hice con él. Me salió tan bien que me invitó a salir. Las primeras veces fueron mágicas, pero conforme pasaba el tiempo me di cuenta de que algo me ocultaba. Un día se metió a bañar y dejó sobre mi buró su celular que sonaba constantemente y me despertó, me dio curiosidad y leí los mensajes, era su esposa que le estaba diciendo que le tenía preparada su comida preferida para cuando llegara. ¡No lo podía creer!, otro hombre que me defrauda. Salió del baño y no pude confrontarlo, se fue. Otra vez estaba sola en casa, pensé que era diferente, pero todos han sido iguales.

           Pies descalzos sensación acuosa, sensación hibrida entre frío y calor, un calor tan intenso, volcán que hace erupción, un frío que quema los huesos. Un corazón que palpita tan fuerte que deja sordo a quien lo carga. Agitada respiración jadeante, sin descanso, trotando como animal salvaje.

           Esta mañana me despierto sin desearlo, me levanto, doy dos pasos y me regreso a la cama, es viernes, así que me reportaré enferma, nadie me va a extrañar. Soy tan remplazable, eso es lo que le escuché decir a la secretaria de mi jefe y tiene razón, mi puesto lo puede hacer cualquiera. Y la nueva generación viene más despierta, me remplazarían sin dudarlo. Raquel tiene once años menos que yo, hace un trabajo eficiente, no tardó en pedir su aumento, le dieron eso y un nuevo puesto.

           Llevo a mi cama la poca comida chatarra que tengo. Pongo en mi computadora una serie larga, de esas que te sacan de la cotidianidad, de la realidad, esas historias me gustan. Suena mi teléfono y puedo ver todos los mensajes, porque le quité a mi WhatsApp las palomitas de leído. Me desespera que me digan, “pero vi que leíste el mensaje”. No hay privacidad y eso quita la tranquilidad. Los mensajes son de un compañero del trabajo, sé lo que quiere, escuché cómo le platicaba su plan a Renata, parece que siempre me buscan para eso. Apago el celular y me quedo mirando mi laptop.

           Sangre corre como río ardiente, se detiene en un instante como una imagen fija y luego avanza con gran velocidad. Manos que se sacuden tan fuerte, sacuden ese mar rojo que las pinta, las envuelve de pasión oscura. Se chupa los labios como gato lamiendo su última comida, ese sabor le regresa su instinto primitivo. Olfato que se abre, rompe como trueno los olores. Las ideas se interrumpen.

¡Interesante!, no se dio cuenta de las incoherencias que escribía. Me detengo un momento para ir por un snack y aunque es tarde, no tengo prisa porque mañana es sábado.

           ¿Qué es ese sonido?, proviene del baño, ¡ah!, dejé abierta la ventana y eso hace que la cortina se mueva. Me veo al espejo y una sombra rápida, fugaz, pasa por detrás, se dirige a mi cuarto. Sin miedo voy a revisar, no hay nada, esta historia confusa se está apoderando de mi mente. Me meto a la cama y sigo leyendo.

 

Cada vez estoy más confundida, cada vez me siento más extraña, es como si el mundo cambiara, menos yo. Mis amigos de la universidad están casados, algunos tienen hijos, otros, parejas estables. ¡Estoy tan harta de desear lo que otros tienen!, siempre me pregunto por qué yo no he tenido suerte en el amor. Me justifico con este pensamiento “soy libre como el viento, voy a donde me lleve”. Pero la verdad es que sueño con tener una pareja, antes soñaba con una familia, ahora me conformo con alguien para compartir mi vida. En mi cama trato de no pensar, pero nunca lo logro. Los pensamientos me arrebatan la tranquilidad, malos pensamientos que empiezan por uno y luego son dos y luego tres y después mis manos empiezan a temblar y la taquicardia llega. He bajado todas las cortinas de mi casa para que nadie me vea; de pronto, me saltan a la vista esos rasguños de la puerta más profundos que la última vez, es como si un animal tratara de salir.

 

Un animal, ¡eso es lo que vi reflejado en el espejo!, me estoy dejando llevar por esta historia, ahora sé que será muy buena y me darán mi ascenso.

 

Sonidos guturales desgarran la garganta, sonidos que llenan el ambiente de horror. La piel se transforma, los dedos se agrandan...

        Tocan incesantemente a mi puerta, me despierto de un salto, me espero unos segundos y escucho que se detienen, pero vuelven a tocar, ahora de manera agresiva; entonces, salgo de la cama, trato de arreglarme lo mejor que puedo y abro la puerta.

        Es mi vecina, está preocupada porque no encuentra a su perro, dice que escuchó unos aullidos y después un gemido, piensa que ha sido atacado. Me asomo por encima de su cabeza y veo a otros inquilinos en el patio principal; me comenta que todos lo escucharon y la están ayudando.

        Ve mis pies y luego mis manos, me pregunta qué me pasó, me observo y no sé qué responderle, no he salido de la casa y estoy llena de lodo. La plática se interrumpe por un vecino que le llama, sólo observo el movimiento de sus labios, y de pronto llora sin parar, mueve la cabeza de un lado al otro, no puede creerlo, la escena es tan desgarradora que me da tristeza. Su perro ha muerto, fue atacado por un animal salvaje, aunque es raro en esta ciudad de concreto.  

        Me meto a la casa, me limpio mis manos y pies, mis sabanas están igual de sucias; ¿qué sucedió?, ¿qué me está pasando?,¡no recuerdo nada! He estado encerrada en la casa, ¿seré sonámbula?, es lo único que me falta.

 

¡En esto gasté mi dinero!, ya sé qué sucederá; primero está perdiendo los estribos y después se convertirá en una mujer loba, estoy tan seguro de eso. ¡Ya ni quiero molestarme en leer! Me levanto con enfado y voy por un refrigerio, me reclamo por ser tan estúpido, me preparo un sándwich, le pongo todo lo que se me ocurre y para calmarme, una cerveza. En ese instante escucho un aullido y se me pone la piel de gallina, pero como no soy nada cobarde, salgo de mi apartamento para averiguar lo que sucede. Mi edificio es de cinco pisos, da a la calle principal la cual es muy transitada, elegí este sitio porque es fácil tomar el transporte público, aunque el ruido constante del ir y venir de los carros puede ser molesto.

           Como es de madrugada, sólo veo en la parada del autobús a unos chicos borrachos y a una enfermera, pero no hay nada fuera de lo común, creo que el aullido proviene de mi imaginación.

Regreso a mi habitación que no es hermosa pero sí espaciosa, con esa decoración barata pero no fea, mi base es de medio uso, estilo mediterráneo, se la compré a unos amigos, y está muy bien cuidada. Soy amante de lo retro, por eso mandé hacer un cuadro lleno de discos de acetato, y tengo otros que sí funcionan como el de los Beatles. Me termino mi cerveza, me han dado ganas de ir al baño y me da un leve retorcijón. Me siento en el retrete, obligo a mis ojos buscar otra dirección que no sea el espejo, siento adrenalina, miedo de niño que se queda varado en mis tripas, sin querer veo el espejo, pero no pasa nada. Me recuesto nuevamente, y tomo el emparedado devorándolo. Continúo leyendo, ¡qué más da!

 

Sigo sin conciliar el sueño y más después del incidente, la inquietud no me deja. Me siento exhausta, ahora sí, todos en el trabajo se han dado cuenta. Mi compañera no me ha vuelto a invitar y antes iba con ella a todos lados. Y sé por qué.

           Ayer en la mañana estaba en el comedor con una hamburguesa y papas a la francesa, sé que tengo colitis y gastritis, pero no puedo dejar de comer eso, aunque me hagan mal. ¡Deseo bajar de peso!, pero no puedo ir en contra de mi filosofía de vida que siempre comparto con cualquiera: “no hay que privarse de nada”. Si supieran cómo me siento en las noches después de alimentarme, inflamada, con gases y en ocasiones el dolor del estómago es insoportable. Cuando pasa eso tengo que ir con doctores alternativos que a veces no me curan, pero no puedo pagar otra cosa. Esto también me ha pasado con los psicólogos, pago la primera consulta, pero no vuelvo a ir y prefiero un brujo que me diga las cosas que quiero escuchar. De repente escucho como que alguien grita y regreso al tiempo presente. Mis compañeros me están mirando, siento algo húmedo en mi mano, volteo y estoy comiendo carne cruda, ¡el asco me invade!

           Me encuentro en la oficina de mi jefe, es la primera vez que entro, siempre invita a todos menos a mí. Desde hace tiempo ha querido despedirme, pero no le he dado motivos, hasta hoy. Yo también me he querido ir, pero no he encontrado nada mejor.

           Su oficina es limpia, pulcra, tiene unos cuadros de su novia en el librero, ¡se ven tan bien juntos!, siempre sonriendo. Me choca las fotos que son para presumir como ésas, para decirle al mundo que son el uno para el otro. Y yo aquí tan sola, conociendo a hombres que no desean más que un acostón. Sé que no soy bonita, y aunque me digan lo contrario lo sigo pensando, nunca seré capaz de verme hermosa, nunca seré capaz de tener una relación estable, me saboteo, siempre me saboteo.

           Mi jefe, me mira con desagrado ni siquiera me percaté cuándo entró, de seguro me vio hablar conmigo misma, ha de creer que estoy loca, como todos mis compañeros que llevan más de dos semanas sin hablarme, sin mandarme mensajes, sin invitarme a ningún lado. Estoy tan vulnerable y transparente.

 

¡Se está volviendo demente!, toda su vida es un caos, no sé cómo las personas llegan a ese extremo, cómo no pueden tomar el control de su vida. Yo siempre he sido tan controlado, siempre he hecho un plan que me ha salido tan bien. Recuerdo que un profesor de la universidad, ¡incauto!, me dijo que los planes no salen como uno los traza, pero a mí sí me han salido. Siempre he trazado un camino fijo, soy firme con mis decisiones y he logrado todo lo que me he propuesto. Me considero una persona fuerte, jamás me doy por vencido, por eso obtendré este ascenso. Nunca sería como ella, con tantas dudas.

 

Me dieron vacaciones forzadas, y aunque le dije que no, insistió. Cada vez que salgo trato de viajar, eso me tranquiliza, me da un propósito en la vida y esta vez no podré. Pero existe una frase que me cae como bomba: “si no resuelves tus problemas en casa, te siguen para todos lados”, y es cierto. Una vez me enamoré en el extranjero y pasó lo mismo, no entiendo por qué me dejan, si pongo todo de mi parte, siempre estoy al pendiente de sus necesidades, si quieren algo, veo la manera de conseguirlo, pero al final, siempre terminan rompiendo mi corazón y creo es mala suerte, porque la mayoría de mis amigos tienen parejas.

           Me tocará estar en casa con mis pensamientos que me suicidan, pensamientos negativos. ¡Son dos semanas completas!, esos pensamientos serán mi perdición.

           Bosque de enormes proporciones, cuevas latentes de sonidos constantes que rugen sin ahogar el sonido, lo dejan salir. Dientes filosos rechinan, la saliva se hace presente, baila en la boca del diablo; ojos que anuncian la muerte, el bosque se vuelve concreto, los árboles se vuelven edificios grises. La bestia arrastra su dolor y su venganza en su corazón, ataca, los gritos en la espesura de la noche no son escuchados, la sangre baña el pavimento, el cuerpo de un joven inerte en el piso.

 

Me despierto con un mal sabor de boca y voy por agua a la cocina de mi apartamento. ¡Esta historia no es tan buena como para sugestionarme de esta manera!, soñé lo que ella narraba, fui un hombre lobo. ¿Por eso será una buena historia?, y ni siquiera la he terminado. De un sorbo me tomo el agua, como si no hubiera bebido en días. Tocan el timbre y es algo raro porque no espero a nadie. Insisten, dejó que toquen más, con la esperanza de que se vayan, pero continúan. Me acercó a la puerta y veo unos rasguños, ¡no lo creo!, me estoy volviendo loco. ¡Tocan, tocan, tocan, tocan!, y abro.

        Un señor fornido, un poco pasado de peso me toma de la mano y me empieza a jalar. ¡No entiendo lo que pasa!, le pregunto con firmeza “¿qué es lo que quiere?”, pero me sigue jalando, me arrastra hasta llegar a otro apartamento, el cual parece una oficina; respiro y siento presión en mi cabeza, me muerdo los labios, la ansiedad vuelve a mi cuerpo, la identifico, aunque nunca he tenido, pero me sé controlar muy bien.

        Del baño sale un señor de edad avanzada, vestido de manera jovial, tenis casuales blancos con un pantalón de mezclilla y un suéter azul marino.

        —Hola.

        —Hola… ¿por qué me han traído a la fuerza?

        —¡Ah! estoy hablando con Julio.

        —¿Y con quién más vas a hablar?

        —Perdona, tienes razón, ¿cómo has estado?

        —Bien... la verdad… es que no entiendo lo que pasa, ese señor me sacó de mi apartamento y me trajo aquí a la fuerza.

        —¿No recuerdas la plática de ayer?

        —No... ¿de qué platica me habla? ¡Si no me explica lo que esta pasando dejaré este lugar!

Me paro bruscamente, pero el hombre corpulento se pone frente a la entrada con su mirada desafiante.

        —¿Me va a decir qué es lo que pasa?

        —Sí, pero antes me gustaría ofrecerte algo de beber, ¿quieres un té de menta?

        —Yo, ¿por qué querría un... hola doctor.

        —Hola, Julia.

        —Estuvo aquí con usted, ¿verdad?

        —Sí.

        —No ha descubierto que estamos encerrados.

        —No.

        —Es que es un hombre y piensan más lento, pero yo le voy a ayudar, sólo tiene que darle mi diario. Se lo dejo.

        —Un té.  

        —¡No quiero, no me gustan!

        —Mira.

        —La historia, ¿por qué la tiene usted?

        —Lee la última parte.

        Me tomo el tiempo para leer, pero no lo creo.

        —Dígame ¿qué está pasando?, ¡dígamelo ahora!

        Aviento el té que está sobre la mesa, el vaso se rompe y lo escucho tan fuerte, tan penetrante, como si pudiera percibir cada quiebre por minúsculo que sea.

        —¡Julio, Julio!, estamos en un hospital psiquiátrico.

        —¿Qué?... ¡no... no!

        Grito, me sostienen, llegan dos más. Me sacan de ahí. No comprendo, ¡oh dios, que está pasando!, por favor... “SoyJulia, ¿quieres irte de aquí?” ¿Quién habla?, ¿de quién es esa voz?, ¡salte de mi cabeza! “No tenemos mucho tiempo, te pondrán a dormir, ¿qué dices?, están preparando la inyección” Los veo, quiero irme de aquí. “Perfecto”.

        Con un pequeño empujón lanzo al señor corpulento lejos de mí. ¿De dónde proviene esta fuerza?, es como si mi cuerpo ardiera en llamas, calor abrazador, loca efervescencia. Siento como mi sangre fluye, mi corazón late al máximo y puedo sentir las palpitaciones en mis ojos. Salgo al pasillo y veo la realidad, mi realidad: un hospital.

        —¡Agárrenla!

        La conmoción hace que los pacientes se levanten y comiencen a gritar desde sus habitaciones, unos se golpean, otros aplauden y algunos se tapan los oídos con ansiedad. Ese revoloteo de sonidos apaga la voz del psiquiatra que se ha quedado atrás y cuando sale de su consultorio vislumbra la gran mancha de sangre, los enfermeros han sido lastimados. Se acerca a la ventana, trozos de vidrio y la reja rota, aullidos que cubren la oscuridad.

        El señor de intendencia toma su trapeador para limpiar la sangre del piso, tranquilo y sereno se acerca al psiquiatra diciendo:

        —Era un Nahual.

Con la luna llena se ilumina su figura.

 

Fin.

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"El mayor enemigo de un escritor novel es la oscuridad. Recibir la luz, la atención de otros, su gran reto." - Beka