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foto kiki la aprendiz de bruja
"Cada uno tenemos que encontrar nuestra propia inspiración... y a veces no es nada fácil." - Kiki, la aprendiza de bruja (1989)
Rebeca Laureano Palma (Beka)
Todos los derechos reservados.
Cuernavaca, Morelos, México. 2020.

Los vecinos

Un suceso que observaba día con día en mi condominio. Un suceso con un viejito que me dejó los pelos de punta y otros incidentes más. Y dije: ¿Qué pasa si utilizo esto acontecimientos, mezclo tiempos y mundos paralelos?
Beka Laureano
Cuento para:
Adultos
Publicado:
8/8/18
Tiempo de lectura:
5 minutos

Escucha el cuento:

En este condominio era normal que se fueran y llegaran vecinos nuevos. La atmosfera del lugar era tan rústica que atraía a escritores, pintores, actores, escultores; personas creativas ¡Raras! Alguna vez lo mencionaron en una junta, que todos éramos tan extraños que no nos dimos cuenta. 

Tú, sí tú, imagínate el lugar: boscoso, grandes árboles sin podar. El pasto se recorta de vez en vez; por consiguiente, es largo y enorme, hay hojas por todo el suelo. Los gatos y los perros de los vecinos rondan el patio.

Sábado por la tarde, escuchamos una mudanza y vimos a los vecinos nuevos entrar al condominio, a la casa número 13. Descargaron sus muebles, todo era muy normal.

Los lunes me levantaba a las 8:00 de la mañana, prendía la computadora, me hacía una taza de café y empezaba mi trabajo. A las 10:00 de la mañana siempre salía con mi segunda taza de café y disfrutaba de la vista. Este gran bosque rustico tenía su encanto.

Le encanta caminar en la noche para fumar, disfruta el bosque; de repente, allí está una viejita riéndose. La señora rompe las macetas, las pisa y se va.

¿En qué estaba?...

Pasó más de un mes antes de que los eventos nos pusieran los pelos de punta. Empezó con su hijo saliendo al patio. Él tenía autismo. En un principio sólo caminaba y deambulaba por las casas sin hacer nada. Posteriormente empezaba a golpear las puertas y finalmente nos pegaba con un palo que había encontrado en el jardín. Todos estábamos molestos, pero nadie hacía nada. Decidimos encerrarnos en nuestros hogares mientras el niño estaba afuera.

Ella ve a los gatos, con eso puede mantener el control. El niño llora y grita a pulmón partido.

Antes de que ellos llegaran, todo era tranquilidad en el condominio. Recuerdo cuando renté el lugar por primera vez. Los primeros días mi esposo y yo salíamos para hacer una fogata, tomábamos un vino y comíamos botanas. Pero la tranquilidad para todos acabó el día que ellos arribaron.

Ella golpea a la abuela con fuerza sobrehumana. La señora grita sin parar y el abuelo sale a pedir ayuda. El niño se esconde debajo de la mesa, se tapa las orejas y dice --¡Basta, por favor ya basta!

En la casa número 17 en la que yo vivo, soy tan feliz. Mi esposo me besa con tanta pasión y él siempre me acaricia con ternura. Él, un esposo perfecto, me ayuda con los quehaceres del hogar y a veces hace la comida. Él, que me habla con tanto amor.

Señora, me estaba platicando que la tranquilidad acabó cuando los vecinos arribaron.

Pues si todo se acabó, todo se terminó por eso. Los conflictos empezaron cuando no podíamos salir de casa.

El abuelo se acerca a ella con el ojo bañado en sangre, no duda y habla a la patrulla. El señor aún en shock con un té en la mano, repetía: se volvió loca, se volvió loca.

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Nos enteramos que la casa había sido rentada para los abuelos y el niño. Al poco tiempo el padre y la madre se metieron ahí. La casa era pequeña y con tanta gente no era nada sano. Pero todo estaba tranquilo otra vez y no habíamos visto a los abuelos.

¡Eres un gordo, no sirves para nada!

¡Otra vez, por favor ya no más!

Voy por una pala.

Pero en la noche escuché los aullidos de los gatos, traté de salir, pero mi esposo me detuvo. Yo sabía que algo raro pasaba en esa casa. Y aquí me tiene para presentar mi declaración.

El policía toma su taza de café, le da un sorbo y le pregunta —¿Podría repetir el número de su casa?

Claro, es la número 17.

Gracias— el policía se levanta y sale de la habitación.

Te lo dije, ella cree que vive en la casa 17— le dice a su compañero.

El policía se acerca al escultor que estaba esperando afuera de la habitación.

¿Señor, nos podría contar cómo encontró los cuerpos?

Estaba en mi casa esculpiendo y me faltaba una pieza, así que mandé a mi perro robot a conseguir una piedra de cierto tamaño. Él recorrió todo el patio y no encontró nada, hasta que su radar apuntó en dirección de la casa 13. La verdad nunca lo hubiese dejado pasar, pero necesitaba esa piedra. Le di permiso y él entró. Mi perro comenzó a escarbar y lo que vi fue una cabeza humana. En ese momento le indiqué que regresara y los llamé a ustedes. Nunca pensé que eso pudiese suceder en este lugar, era tan tranquilo. ¡Cómo pudo matar a toda su familia y a esos pobres gatos!

La gente hace cosas extrañas-- le responde el policía. 

El escultor pasó frente a la casa número 17, la curiosidad le ganó y entró. No había nadie, la gente que habitaba se mudó. Registró el lugar y antes de salir observó en el piso un chip, lo tomó y se fue.

En su casa conectó el chip a su celular y lo que contenía lo dejó impresionado. Eran las fotos de la pareja.

--¡No pueden ser, son idénticos! Él se ve radiante sólo sin 40 kilos de más y ella hermosa, no marchita.

La fecha de las fotos decía 20 de enero del 2020. La misma fecha que los vecinos de la casa 13 llegaron al condominio. En ese momento manda la evidencia.

Tú, si tú; ¿crees en los universos paralelos?

Los policías no creían lo que estaban viendo, pero era demasiado tarde la habían declarado culpable y el castigo fue la muerte.

El escultor en la morgue, levanta la sabana y observa que era la mujer hermosa. La pregunta queda en su mente --¿Qué pasó con la otra?

Fin.

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"El mayor enemigo de un escritor novel es la oscuridad. Recibir la luz, la atención de otros, su gran reto." - Beka