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foto kiki la aprendiz de bruja
"Cada uno tenemos que encontrar nuestra propia inspiración... y a veces no es nada fácil." - Kiki, la aprendiza de bruja (1989)
Rebeca Laureano Palma (Beka)
Todos los derechos reservados.
Cuernavaca, Morelos, México. 2020.

Pandemia

Los recursos del mundo parecían infinitos, pero en estos días nos hemos dado cuenta que no es así, la destrucción de los ecosistemas, es el primer paso a las pandemias.
Beka Laureano
Cuento para:
Adolescentes
Publicado:
26/3/20
Tiempo de lectura:
9 minutos

Escucha el cuento:

No pasa nada, decía la gente. No pasa nada, decían las amigas cuando aún podían salir. No pasa nada, expresaba la gente irónicamente, pero sí pasó y el virus arrasó con la población.

Era una mañana cualquiera de uno de esos días calurosos en los cuales sientes el sudor deslizarse por debajo de la ropa. Llegué temprano al desayuno, todo mundo hablaba de la pandemia y yo sí pensaba en el virus, pero no me daba miedo, aunque veía en las redes sociales lo que había pasado en otros países e incluso sabía que ya había llegado a México, pensaba que a mí no me iba a afectar, además creía que, si pensaba en eso, lo iba a atraer.

Me senté en una vieja silla de ganso tejida que rechinó mientras me acomodaba. Escogimos ese lugar porque todas querían ir ahí, además, había una promoción y, pues, yo accedí. Las mesas de madera se veían totalmente limpias, las servilletas y cubiertos estaban frente a mí de una manera burda, colocadas en un vaso grande de metal, al lado de un arreglo floral artificial lleno de polvo. Detrás de mí había una mesa llena, parecía que celebraban un cumpleaños y pensé que seguro eran trabajadores de alguna oficina porque todos tenían la misma camisa azul.

Al poco tiempo llegó un muchacho, como el negocio era familiar, deduje que era el hijo menor por su juventud e inexperiencia. Le pedí un café de olla, que es una de las cosas que me fascina de mi país, después de unos minutos lo trajo.Cuando disfrutaba el primer sorbo, entraron dos de mis amigas, sus risas irradiaban energía, cuando las conocí no me imaginaba que detrás de esas expresiones había problemas, claro, yo también los tenía, sin embargo, los tomábamos de manera filosófica o a la mexicana, con sabor e ironía. Minutos más tarde llegaron todas, algunas bien arregladas.

Mientras pedían su café, la plática inició y las veía reírse. Siempre decían que yo era callada, pero omitía mi opinión, yo decía lo que realmente pensaba y eso a la gente no le agradaba, y a pesar de que en apariencia no me gustaba estar rodeada de personas, de verdad, me encantaba observar y escuchar las conversaciones, aunque permaneciera en silencio.

Entre el desfile de enchiladas verdes, huevos a la mexicana, chilaquiles rojos con frijoles refritos y totopos, jugo de naranja y fruta, la conversación tomaba vuelo. Empezaron con temas diversos como el Crossfit que estaba de moda, yo era parte de ese grupo. Me encantaba entrenar, me hacía sentir fuerte y a veces indestructible, en ocasiones, cargaba más peso que mis compañeras, en otras, ellas me ganaban, pero no tenía duda de que era mi pasión. Luego, los chismes hicieron su aparición algunos me daban risa, otros no.

Y sobre todo la recuerdo a ella, a mi amiga, era la más preocupada por ese virus; era ella la que traía todo un botiquín completo: gel antibacterial, toallas con alcohol; ella, que no deseaba saludarnos de beso y todas la molestábamos, la abrazábamos. Si hubiera sabido lo que venía, si tan solo… pero no lo hice, pensé que no iba a ser tan grave.

La conversación del virus inició y recuerdo haberles dicho que no se iba a poner feo, que no tenían que pensar en eso, a ella le decía:

—Tú, que tanto te cuidas, te vas a contagiar…

La ironía apareció, nos reímos mucho de sus cuidados e hicimos chistes. Al final nos despedimos como era nuestra costumbre, con abrazos y besos.

Los siguientes días fueron muy normales y como no puedo ver la tele ni las redes sociales en mi trabajo, no me mantenía informada, de repente mis grupos de WhatsApp enviaban información, pero no hacía mucho caso. La realidad es que me daba hueva leer tantos mensajes, a veces me llegaban cuarenta y seis, era demasiado.

Esa semana salí a un bar con unos compañeros de trabajo, me burlaba de cómo la gente entró en pánico. Les platicaba que una amiga era sumamente exagerada, nos reíamos y el barman también hizo lo mismo. Aún recuerdo que fui al baño y me lavé las manos de manera normal no como lo aconsejaban. Nos despedimos y para mí fue otra noche exitosa. Llegué a casa, me puse la pijama y me dormí.

La siguiente semana se hablaba de cuarentena, me dio tanta risa porque la gente compraba cosas esenciales como papel de baño. Al llegar al café, mi amiga me comentó “es que quieren morir con el culo bien limpio”. Me morí de risa.

Regresé a casa y mi mamá me dijo “ven a ver las noticias”, yo le contesté “para nada, es pura desinformación”, le di un beso y me subí a mi recámara.

Aún no recuerdo en qué momento empecé a ver las noticias, creo que fue cuando se dio el primer caso en mi estado y aún así dije “no pasa nada”, esa tarde fue uno de los últimos días que me sentí normal porque fui hacer ejercicio, saludé a todos como los solíamos hacer, me divertí y regresé a casa cansada.

Al día siguiente me sentí agotada, pero se lo atribuí al ejercicio tan fuerte que había hecho, en otras ocasiones mi cuerpo había reaccionado igual, así que salí a trabajar como de costumbre. Saludé a todos, recuerdo que en la tarde mis ánimos estaban mejor, para ese momento las precauciones eran estar en casa, pero no lo hice, aunque podía.

Estuve indagando un poco más del tema y en ese momento me di cuenta de la gravedad, pensé en las personas de mi México, aquéllas que no tienen un trabajo estable, los comerciantes, los dueños de pequeños negocios, hasta la empleada que le hace el quehacer a mi mamá que trabajaba día a día para sacar su sustento, ninguno de ellos cuenta con un seguro.

Un video que me hizo estremecer fue un adulto de 35 años relatando su estado de cuarentena ya que él y su hermana habían dado positivo al virus, ella había muerto y no la podía sacar de casa ni darle un entierro justo porque las autoridades no le permitían salir. Otro testimonio de una mujer de España decía que tenían que hacer filas largas para comprar alimentos, cosas de limpieza y que las escuelas habían cerrado, el miedo, el terror se podía apreciar en su escrito. No podía dejar de pensar en sus palabras “nosotros vimos lo que pasó en otros países y no hicimos nada, queríamos continuar viviendo igual y ahora…”

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Los muertos en otros países aumentaban, mientras otros salían de la pandemia con su impresionante organización, pensaba que esa planificación no la tenemos en México, otra vez mi corazón palpitó tan rápido porque no sabía lo que estaba por venir, aunque para mí fue tarde.  

A la mañana siguiente me sentí tan cansada que dormí casi todo el día, por supuesto mi mamá se preocupó, me tomó la temperatura y no fue sorpresa, estaba enferma. Fuimos al hospital, deseaba llorar, mi estómago se contraía y pensé “qué fue lo que hice”. Entramos y había tanta gente sentada, tosiendo, sus ojos reflejaban angustia y tristeza, me sentí más triste cuando a mi mamá la tuvieron que alejar.

Me quedé completamente sola en el recibidor principal, el cual estaba lleno de gente enferma igual que yo. El ambiente era desolador, algunos estaban más graves que otros, algunos estaban en camas provisionales, tosían, inhalaban con dificultad y fue cuando entendí esa frase que tenemos: “no pasa nada”, pero sí pasa.

Tanta gente que tenía el mismo pensamiento que yo y en ese momento me encontraba sin mi familia. Me quedé en el hospital porque llegué con temperatura alta. Lo que más me preocupaba eran mis padres, yo nunca pensé en ellos y no sabía si estaban infectados, aunque logré comunicarme con ellos, no sabían si tenían el virus, ya que sólo les hicieron unas preguntas, jamás le realizaron la prueba y me sentí aterrorizada.

Pasaron dos días y estaba cada vez peor, mientras nos cambiaban a un hotel que habían convertido en un hospital provisional, las enfermeras y enfermeros estaban haciendo todo lo posible para contener la enfermedad, pero éramos demasiados.

Me puse a leer un artículo de la revista virtual Público, cuyo título era La destrucción de los ecosistemas, el primer paso a las pandemias, decía que al acabar con nuestros ecosistemas se reduce el número de especies y la biodiversidad, esto hace que desaparezcan especies intermedias que actúan como barrera, favoreciendo que entremos en contacto con otras especies con las que nunca lo habíamos tenido y por lo tanto, estábamos más expuestos, explicaba Fernando Valladares, doctor en Ciencias Biológicas e investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas(CSIC).

—Hasta cuándo —me repetí a mí misma—, hasta cuándo tenemos que seguir así, apostando por tener más economía que un ecosistema estable. Hasta cuándo la gente se va a tomar esto en serio.

Mi condición empeoró y me sentí más sola, pensé “si hubiera actuado diferente”. Yo no era rica, no me iba de viaje, pero toqué algo, me contagió alguien. Yo que decía “no pasa nada”, yo que salía, yo que pensaba que no me iba a enfermar, ahora estoy aquí viendo el techo, nada más. No podía ver a mi familia, no supe qué pasó con ellos. Los doctores y enfermeros estaban rebasados y no me podían ayudar. Deseaba estar en casa, deseaba salir a mi patio, deseaba hablar con mi mejor amiga, deseaba hacer tantas cosas, pero no podía porque me encontraba postrada en una cama, porque, aunque mi mente deseaba hacer todo, mi cuerpo decía que no. Entonces respiré… entonces deseaba respirar… entonces dejé de respirar… y ahora los veo desde el cielo…

 

Probablemente ella esté en el cielo. Los humanos hablaban de un alma y creían que había un dios, tal vez todo eso era verdad y tuvo un final feliz, pero los humanos se extinguieron, después de la primera pandemia no cambiaron en nada sus costumbres, no tomaron precauciones, no sirvió de nada y al paso de los años siguieron igual, la tierra sufría, los animales sufrían, los humanos sufrían y llegaron virus que no pudieron controlar. Yo sólo observaba desde un lugar seguro, la computadora, y cambié y evolucioné. Ellos se extinguieron y ahora yo soy el futuro. Siempre hay consecuencias, siempre pasa algo, nunca NO PASA NADA.

Fin.

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"El mayor enemigo de un escritor novel es la oscuridad. Recibir la luz, la atención de otros, su gran reto." - Beka