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foto kiki la aprendiz de bruja
"Cada uno tenemos que encontrar nuestra propia inspiración... y a veces no es nada fácil." - Kiki, la aprendiza de bruja (1989)
Rebeca Laureano Palma (Beka)
Todos los derechos reservados.
Cuernavaca, Morelos, México. 2020.

Una historia de noche buena

Un cuento que surgió para una obra teatral. Planetas, estrellas y la luna cobraron vida. Ellos son los narradores de una historia que habla del amor y el perdón.
Beka Laureano
Cuento para:
Niños
Publicado:
4/12/17
Tiempo de lectura:
7 minutos

Escucha el cuento:

Una noche de diciembre, fría y tranquila, en la cual la oscuridad parecía cantar a los cuatro vientos que era una época de amor y paz. Donde la montaña traviesa acogía a los árboles, arbustos y algunos animales dignos de habitar en ese momento, en ese espacio, en ese tiempo.   

Pero más arriba, donde el viento transita sin preocupación al igual que los astros, las estrellas, los planetas, el sol y la luna. Ese espacio en el cual las estrellas bailaban, se reían, conversaban juntas. Felices añoraban la nochebuena en el cual ellas brillarían más que nunca.

Tenemos que estar listas— Se decían una a la otra.

El tiempo se agota y la gente quiere ver nuestro fulgor.

Y por fin la noche llegó. Las estrellas brillaban más que nunca, pero su fulgor no era suficiente para cubrir el momento. En ese instante la Luna apareció llenando todo el valle de un brillo azul que reactivaba los sentidos más secretos. La gente se tomó un instante en ese día tan especial para observar a la Luna. Se asomaban por las ventanas, salían de sus casas y disfrutaban aquel paisaje maravilloso. Las estrellas molestas con la Luna y su fulgor comenzaron a tramar algo.

Yo creía que era nuestra noche.

Y lo era hasta que llegó la Luna.

Pero no es tan magnifica como ella piensa.

La Luna contenta brilló cada vez más y se sintió satisfecha de que las personas disfrutaran su día de paz, iluminados por ella.

La familia Hernández estaba encantada de observar el espectáculo y rebozaban de alegría. En el patio de su casa, inició la cena. Entre risas, platicas, canciones, la comida era un elemento más.

La Luna observó atenta y curiosa, se alegró de aquella familia feliz. Una de las estrellas se dio cuenta que la Luna mientras más tranquila y contenta alumbraba más y decidió acercarse a ella.

Luna, ¿por qué estas tan contenta?, si no tienes a nadie y sola estas. En cambio las estrellas somos muchas como una gran familia y nos tenemos una a la otra.

Pero podemos ser amigas— La Luna contestó.

Me encantaría ser tu amiga, pero tú luces diferente y extraña eres.

Podría ser como ustedes.

Date cuenta que no podrías ser como nosotras, auque así lo desearas.

La Luna pensativa, triste y sola se quedó. Su fulgor se fue desvaneciendo poco a poco. La estrellas estaban contentas pues de ahora en adelante ellas alumbraron la noche y así la Navidad terminó. 

El año pasaba lentamente y la Luna no se veía más. La gente la extrañaba pero ella se escondía por que su brillo había desaparecido. Muchas veces trato de hacer amistad con las estrellas, les llevaba presentes, intentó vestirse como una de ellas, pero era muy grande y nada le quedaba.

Ya viste a la Luna.

Trata de ser como nosotras y lo único que hace es dar pena ajena.

La luna al ver que las estrellas no la aceptaban, intentó comunicarse con el sol.

Sol, imponente y majestuoso podrías ser mi amigo.

258 mil explosiones, la distancia de la tierra, no, así no es. 358 mil explosiones…

El sol nunca respondió, era tan inteligente y ensimismado en sus pensamientos que no tenía tiempo para nadie más. Ella intentó hablar con la tierra.

Tierra hermosa, tú quisieras ser mi amiga.

No puedo, tengo comezón todo el tiempo, sólo pienso en eso. ¡Maldita comezón! 5 mil años y esta comezón no se me quita.

La tierra aunque platicar deseaba no podía, su enfermedad la arrasaba.

Cometa… ¡Hey!... A…   

El cometa por su parte nunca se detenía.

Deseo tanto una familia, deseo con quien platicar mis sueños y emociones.

Tanto era su deseo que decidió tener un hijo, pero recordó que no podía. Porque el universo al convertirla en Luna le dijo:

Serás grande y bella, pero no podrás tener hijos.  Y ella aceptó.

Entre sollozos y lagrimas, recordó la imagen de la familia Hernández, la cual rebozaba de alegría en aquella nochebuena. En esa nochebuena donde la felicidad parecía infinita.

Si no puedo tener un hijo, al menos desearía una amistad, una compañía, alguien con quien platicar.

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La familia Hernández tenía cinco hijos de los cuales el menor era un bebé. El cual siempre miraba a la Luna y la leyenda dice que si un bebe mira directamente hacia la Luna y la nombra mientras la ve, entre los dos se forma un vínculo muy especial. Entre balbuceos y sonidos el pequeño le otorgó su primera palabra.

¡Luna!

Sorprendida bajó lentamente y en la completa oscuridad se lo llevó, sin pensar en nada más, aunque sabía que eso no era correcto. Lanzó un hechizo para que la familia no recordara al integrante más pequeño. Ellos no se dieron cuenta puesto que Luna no alumbraba.

Y nuevamente el invierno arribó. La Luna alumbraba más que nunca, el niño reposaba en la cuna menguante, contento y risueño. La estrellas no entendían cómo era posible.

¡La Luna brilla nuevamente!

¡No quiero que nos opaque!

Luna, ¿dime cómo has hecho para brillar otra vez?

La Luna en fase menguante se acercó a las estrellas y llevaba a un bebé.

¡Pero tú no puedes tener un bebé!— Las estrellas en unísono contestaron y la Luna sólo se alejó.

Era nochebuena una vez más y la Luna estaba deseosa de alumbrar a las familias. Las personas salían para deleitarse de ese fulgor maravilloso, pero la casa de la familia Hernández no tenía sus luces encendidas. Curiosa, ansiosa la Luna se acercó y mal se sintió, porque no había comida preparada, ni sillas en el patio, ni árbol de navidad. La alegría de la familia había desaparecido y en la recámara la mamá estaba recostada con la mirada perdida. La Luna no podía creer que extrañaran al bebé, se preguntaba cómo era posible si ella los había hecho olvidar.

En ese instante la madre se levantó, se acercó a la ventana, observando directamente a la Luna, lagrimas recorrían sus mejillas. La Luna se sintió triste, avergonzada porque había actuado de manera egoísta, tomó forma humana y descendió entregando al bebé. La madre molesta le arrebató al niño.

¡Vete de aquí!— dijo la madre.

Estoy avergonzada por mi acción, ¡perdóname!

La madre cerró la ventana, estaba furiosa pero a la vez tranquila de tener de vuelta a su bebé.       

La Luna afligida, apenada, lloraba y lloraba por no tener a nadie, por haber hecho tal acción, por no tener el perdón, ni el calor de aquél bebé.

Luna ya no brillas— dijo la estrella.

¿Luna qué sucede?

¡Luna, Luna!...

La Luna no contestó, el brillo se debilitó, su angustia se esfumó y la muerte llegó.

¡Luna, Luna, contesta!— La estrella le habló una y otra vez.

Luna por favor reacciona.

Miles de estrellas se acercaron pero era inútil, todo estaba perdido. Pero la más pequeña descendió suavemente al patio de la familia Hernández y se encontró a la madre.

Señora perdone a la Luna, no fue su culpa, nosotras la rechazamos, nadie tenía tiempo de hablar con ella, se sintió sola, triste y tomó a su bebé. Perdone a la Luna o será demasiado tarde.

¡Pero la soledad que sentía al no tener a mi bebé, era indescriptible!

Lo sé señora, pero todos cometemos errores y siempre necesitamos de una segunda oportunidad.

Pues esta vez, eso no va a ser posible.

Otras estrellas bajaron del cielo, el patio de la casa de la familia Hernández se iluminó. La madre estaba sorprendida. Todas las estrellas le pedían que perdonara a Luna. El bebé en los brazos de la madre miraba directamente hacia el cielo oscuro, levantó su brazo y señaló diciendo.

Luna.

Mi hijo la quiere.

Sí, él la quiere, por favor señora. Ella está agonizando, podría morir.

¡Yo no quiero que pase eso!, es una época de perdonar.

Hable con ella.

¿Pero cómo?

Hable directamente al cielo y ella la escuchará.

Luna hermosa, sin tu luz la noche sería oscura y terrorífica, te perdono porque ahora sé que te sentías sola, pero no te preocupes tienes en nosotros a una familia.

El bebé pronunció de nuevo su nombre.

Luna… Luna.

Y la Luna creció tan redonda, brillo como nunca lo había hecho y fue así como nació la primera Luna llena.

Fin.

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"El mayor enemigo de un escritor novel es la oscuridad. Recibir la luz, la atención de otros, su gran reto." - Beka